El teletrabajo ya no puede entenderse únicamente como una modalidad flexible o como una ventaja organizativa. Desde la perspectiva de la seguridad y salud laboral, trabajar desde casa implica reconocer que el puesto de trabajo también existe fuera de la oficina y que, por tanto, debe gestionarse con criterios preventivos. La computadora, la silla, la mesa, la iluminación, los horarios, la carga mental, las pausas y la desconexión forman parte de un entorno laboral que puede favorecer el bienestar o convertirse en fuente de riesgo.
En México, la NOM-037-STPS-2023, Teletrabajo-Condiciones de seguridad y salud en el trabajo, establece las condiciones de seguridad y salud aplicables a los lugares donde las personas teletrabajadoras realizan sus actividades. La norma reconoce que el teletrabajo puede estar asociado a riesgos derivados de agentes físicos, factores ergonómicos y factores psicosociales, por lo que exige una gestión preventiva específica y no una simple extensión informal del trabajo de oficina al domicilio.
Uno de los errores más frecuentes es asumir que el teletrabajo elimina riesgos porque la persona se encuentra en su hogar. En realidad, puede desplazar los riesgos a un espacio menos controlado: mesas no diseñadas para trabajar durante horas, sillas sin soporte lumbar, pantallas mal ubicadas, iluminación insuficiente, cables en zonas de paso, ausencia de pausas, jornadas extendidas, dificultad para desconectar y una mayor sensación de aislamiento. Todo ello puede impactar tanto en la salud musculoesquelética como en la salud mental.
Desde el punto de vista ergonómico, las empresas deben prestar atención a la altura de la mesa, la posición de la pantalla, el apoyo de antebrazos, la postura del cuello, la distancia visual, la estabilidad de la silla, la ubicación del teclado y el mouse, así como la posibilidad de alternar posturas. Una estación de trabajo improvisada durante pocos días puede ser tolerable, pero mantenerla durante meses puede favorecer dolor cervical, molestias lumbares, fatiga visual, sobrecarga de hombros, hormigueo en manos o reducción de la concentración.
La NOM-036-1-STPS-2018, relativa a factores de riesgo ergonómico derivados del manejo manual de cargas, no regula directamente el teletrabajo de oficina, pero sí refuerza un principio clave: los factores ergonómicos deben identificarse, analizarse, prevenirse y controlarse. Esa misma lógica debe trasladarse al trabajo con pantallas, posturas sostenidas, movimientos repetitivos y condiciones físicas del puesto remoto. La prevención ergonómica no consiste solo en entregar una silla, sino en adaptar el trabajo a la persona y no la persona al puesto mal diseñado.
También resulta clave la relación con la NOM-035-STPS-2018, sobre factores de riesgo psicosocial. En teletrabajo, los riesgos psicosociales pueden aparecer o intensificarse cuando existe falta de claridad en los horarios, exceso de reuniones virtuales, disponibilidad permanente, aislamiento, supervisión invasiva, falta de apoyo del mando, dificultad para separar la vida personal de la laboral o cargas de trabajo mal distribuidas. Cumplir con la NOM-035 no debe reducirse a aplicar cuestionarios, sino a revisar cómo se organiza realmente el trabajo.
Entre las principales medidas preventivas para teletrabajo se encuentran: definir por escrito las condiciones de la modalidad; verificar que el lugar elegido por la persona trabajadora sea seguro y adecuado; proporcionar o facilitar equipos necesarios; revisar la ergonomía básica del puesto; establecer pausas activas; promover cambios de postura; limitar jornadas excesivas; respetar horarios de disponibilidad; evitar comunicaciones fuera del horario laboral salvo situaciones justificadas; planificar reuniones con criterios razonables; y mantener canales de apoyo entre mandos, equipos y personas teletrabajadoras.
La empresa también debe promover una cultura de desconexión y límites saludables. El hecho de trabajar desde casa no significa estar disponible todo el día. La hiperconexión puede incrementar fatiga mental, irritabilidad, problemas de sueño, estrés y sensación de pérdida de control sobre el tiempo personal. Por ello, la prevención debe incluir reglas claras sobre horarios, tiempos de respuesta, uso de mensajería instantánea, reuniones virtuales y prioridades de trabajo.
Otro aspecto importante es la participación de la persona teletrabajadora. La gestión preventiva no debe imponerse desde una lista genérica, sino construirse con información del trabajo real: dónde trabaja, con qué equipo, cuánto tiempo permanece sentada, si tiene iluminación adecuada, si dispone de espacio suficiente, si realiza pausas, si percibe sobrecarga o si necesita apoyo técnico u organizativo. Sin esa participación, la evaluación del teletrabajo queda incompleta.
El teletrabajo puede aportar beneficios importantes: ahorro de desplazamientos, mayor flexibilidad, mejor conciliación y reducción de ciertas exposiciones presentes en el centro de trabajo. Pero esos beneficios no son automáticos. Para que el teletrabajo sea saludable, debe estar bien diseñado, acordado, evaluado y acompañado. La prevención no termina en la puerta de la oficina: se extiende al lugar donde la persona presta sus servicios.
La gestión moderna de la seguridad y salud laboral debe asumir que el trabajo híbrido y remoto forman parte de la realidad organizativa. La pregunta ya no es si el teletrabajo es cómodo o productivo, sino si se realiza en condiciones seguras, saludables y sostenibles. El puesto de trabajo también existe fuera de la oficina, y allí también deben cuidarse la ergonomía, la salud mental y el bienestar de las personas trabajadoras.