Los riesgos de trabajo siguen siendo uno de los principales indicadores para comprender la salud y seguridad laboral en México. Más allá del cumplimiento normativo, los datos permiten identificar dónde se concentran los daños, qué tipo de eventos predominan y qué aspectos de la gestión preventiva requieren mayor atención por parte de empresas, responsables de seguridad y salud en el trabajo, áreas de recursos humanos y servicios médicos laborales.
Un estudio publicado en la Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social analiza la caracterización de los riesgos laborales registrados en personas trabajadoras afiliadas al IMSS durante 2024. De acuerdo con el trabajo, los riesgos laborales ocurridos ese año se distribuyeron principalmente en tres grandes categorías: 69% correspondió a accidentes de trabajo, 28% a accidentes de trayecto y 3% a enfermedades de trabajo.
La lectura de estos datos ofrece una primera conclusión relevante: la mayor parte de los eventos reconocidos se siguen concentrando en accidentes vinculados directamente con la actividad o el lugar de trabajo. Esto mantiene en primer plano la importancia de la identificación de peligros, la evaluación de riesgos, la capacitación efectiva, la supervisión operativa, el mantenimiento de instalaciones y equipos, el orden y limpieza, la gestión de contratistas y la investigación de incidentes.
Sin embargo, el peso de los accidentes de trayecto también merece una atención específica. Que más de una cuarta parte de los riesgos registrados corresponda a desplazamientos entre el domicilio y el centro de trabajo recuerda que la seguridad laboral no termina necesariamente en la puerta de la empresa. La movilidad laboral, los horarios, la fatiga, los tiempos de traslado, el transporte utilizado y las condiciones del entorno urbano forman parte de una realidad preventiva que muchas organizaciones aún abordan de manera limitada.
El tercer dato, aparentemente menor, es también uno de los más sensibles desde el punto de vista técnico: las enfermedades de trabajo representan el 3% de los riesgos registrados. Este porcentaje no debe interpretarse de forma simplista como una menor importancia de las enfermedades laborales. En muchos países, incluido México, la identificación, documentación y reconocimiento de enfermedades relacionadas con el trabajo suele ser más compleja que la de los accidentes, especialmente cuando intervienen exposiciones crónicas, factores ergonómicos, agentes físicos, químicos, biológicos o riesgos psicosociales.
La propia Secretaría del Trabajo y Previsión Social mantiene información estadística sobre riesgos de trabajo registrados en el IMSS, incluyendo desgloses por sexo, entidad federativa, clase, actividad, ocupación, consecuencias, acto inseguro, riesgo físico, causa, naturaleza y defunciones. Esta disponibilidad de datos permite que las empresas pasen de una prevención genérica a una prevención basada en evidencia.
Desde el punto de vista legal, la Ley Federal del Trabajo define los riesgos de trabajo como los accidentes y enfermedades a que están expuestas las personas trabajadoras en ejercicio o con motivo del trabajo. También incluye dentro del accidente de trabajo aquellos eventos que se producen al trasladarse la persona trabajadora directamente de su domicilio al lugar de trabajo y de éste a aquél.
La utilidad práctica de esta información no está solo en conocer porcentajes, sino en convertirlos en decisiones preventivas. Para las empresas mexicanas, los datos deberían servir para revisar si sus programas de seguridad y salud están realmente alineados con los riesgos que generan mayor daño. No basta con disponer de procedimientos, formatos o capacitaciones generales: es necesario analizar qué accidentes se repiten, en qué áreas ocurren, qué puestos concentran mayor exposición, qué condiciones organizativas influyen y qué medidas están funcionando realmente.
También resulta clave fortalecer la investigación de accidentes e incidentes. Una investigación preventiva no debería limitarse a identificar un “acto inseguro” de la persona trabajadora. Debe analizar condiciones materiales, diseño del puesto, mantenimiento, carga de trabajo, formación recibida, supervisión, presión de tiempos, comunicación, cultura preventiva y decisiones de gestión. De lo contrario, el riesgo es repetir acciones superficiales que no modifican las causas reales.
En el caso de los accidentes de trayecto, las empresas pueden avanzar mediante campañas de movilidad segura, análisis de horarios críticos, promoción del transporte seguro, gestión de fatiga, sensibilización sobre conducción defensiva y revisión de políticas internas que puedan estar influyendo indirectamente en los desplazamientos. Aunque no todos los factores dependen de la empresa, sí existe margen para integrar la seguridad vial laboral dentro de una estrategia preventiva más amplia.
Respecto a las enfermedades de trabajo, el reto es reforzar la vigilancia de la salud, la evaluación higiénica, ergonómica y psicosocial, y la trazabilidad de las exposiciones. La actualización de la tabla de enfermedades de trabajo y de los instrumentos para su valuación en México hace aún más necesario que las organizaciones revisen sus sistemas de identificación temprana y documentación técnica.
Los datos del IMSS muestran que la prevención en México necesita una mirada más analítica y menos formalista. Los accidentes de trabajo continúan siendo el bloque principal, los accidentes de trayecto tienen un peso muy relevante y las enfermedades laborales exigen una lectura prudente, técnica y probablemente más profunda. Para los profesionales de seguridad y salud en el trabajo, el mensaje es claro: medir mejor, investigar mejor y decidir mejor debe convertirse en una prioridad de gestión preventiva.