
Riesgo percibido: un procedimiento de evaluación
La gestión de la seguridad y salud en el trabajo no depende únicamente de identificar peligros, estimar probabilidades y establecer medidas preventivas. También resulta necesario comprender cómo perciben los trabajadores los riesgos a los que están expuestos y hasta qué punto esa percepción coincide —o no— con la valoración realizada desde el ámbito técnico.
Las diferencias entre ambas perspectivas pueden tener consecuencias importantes. Trabajadores, responsables de seguridad y salud, mandos y dirección pueden compartir el objetivo de conseguir unas condiciones de trabajo seguras y saludables y, sin embargo, no valorar de la misma manera qué riesgos son prioritarios o cuáles requieren una intervención inmediata.
Estas discrepancias pueden dificultar la comunicación, generar conflictos sobre las prioridades preventivas e incluso reducir la eficacia de determinadas medidas de control.
Por ello, conocer el riesgo percibido por los trabajadores puede aportar información complementaria de utilidad para la gestión preventiva.
Evaluación técnica y percepción del riesgo
La evaluación técnica de riesgos se basa en procedimientos sistemáticos destinados a identificar peligros, estimar riesgos y adoptar decisiones preventivas. Sin embargo, la percepción que una persona tiene de un riesgo no depende exclusivamente de la probabilidad estadística de que ocurra un daño o de la gravedad de sus consecuencias.
Cuando una persona valora intuitivamente un riesgo pueden intervenir otras características, como el conocimiento que tiene sobre el peligro, la posibilidad de controlarlo, el carácter voluntario o involuntario de la exposición, el temor que genera, la posibilidad de que afecte simultáneamente a muchas personas o el tiempo que puede transcurrir hasta que aparezcan sus consecuencias.
Esto ayuda a explicar por qué determinados riesgos pueden preocupar especialmente a los trabajadores aunque técnicamente no ocupen las primeras posiciones en una evaluación, mientras otros riesgos objetivamente relevantes pueden ser infravalorados.
La cuestión no consiste en decidir si una de las dos perspectivas es correcta y la otra equivocada. El objetivo es disponer de procedimientos que permitan conocer las diferencias existentes y utilizarlas para mejorar la prevención.
¿Qué aspectos influyen en la percepción del riesgo?
El riesgo percibido puede analizarse mediante diferentes dimensiones que ayudan a comprender cómo valora una persona una determinada fuente de peligro.
Entre ellas se encuentran:
Conocimiento del riesgo. Se refiere al grado en que el trabajador considera que conoce los posibles daños asociados a una determinada fuente de riesgo y las posibilidades de experimentarlos.
Conocimiento atribuido a los responsables de prevención. La percepción que tienen los trabajadores sobre el conocimiento técnico de quienes gestionan la seguridad puede estar relacionada con la confianza y con la aceptación de las medidas preventivas.
Temor. Determinadas fuentes de riesgo generan una respuesta emocional más intensa que otras. El miedo o preocupación asociados a un peligro pueden influir significativamente en su valoración.
Vulnerabilidad. No es lo mismo considerar que un riesgo existe de manera general que pensar que uno mismo puede resultar afectado. La percepción de susceptibilidad personal constituye un elemento especialmente relevante.
Gravedad de las consecuencias. La magnitud del posible daño forma parte tanto de la evaluación técnica como de la percepción individual.
Capacidad para evitar el riesgo. El trabajador puede considerar que tiene mayor o menor capacidad para impedir que una determinada fuente de peligro llegue a desencadenar una situación de riesgo.
Capacidad para controlar el daño. También puede valorarse en qué medida la persona considera que podría intervenir para evitar o reducir las consecuencias una vez iniciada una situación peligrosa.
Potencial catastrófico. Algunos riesgos son percibidos de manera diferente cuando existe la posibilidad de que un mismo acontecimiento afecte simultáneamente a un elevado número de personas.
Demora de las consecuencias. La percepción cambia cuando el daño aparece inmediatamente o cuando sus efectos pueden manifestarse después de meses o años de exposición. Este aspecto resulta especialmente relevante en riesgos higiénicos y determinados daños para la salud.
El problema del exceso de confianza
La percepción de control merece una atención especial.
Considerar que una situación puede controlarse es positivo porque evita planteamientos fatalistas según los cuales los accidentes simplemente ocurren y poco puede hacerse para prevenirlos.
Sin embargo, una percepción excesivamente elevada de control también puede convertirse en un problema preventivo.
La experiencia, la habilidad o la familiaridad con una tarea pueden generar la sensación de que el trabajador es menos vulnerable que otras personas expuestas al mismo peligro.
Expresiones como “llevo muchos años trabajando así”, “yo sé cómo hacerlo” o “a mí no me va a pasar” pueden reflejar esta percepción de invulnerabilidad.
La experiencia profesional puede contribuir a trabajar de manera más segura, pero también puede favorecer la normalización de determinados riesgos cuando la ausencia previa de accidentes se interpreta como una garantía de seguridad futura.
Un procedimiento para evaluar el riesgo percibido
El riesgo percibido puede estudiarse de forma estructurada mediante un procedimiento de Evaluación Dimensional del Riesgo Percibido por el Trabajador (EDRP-T).
El planteamiento consiste en seleccionar determinadas fuentes de riesgo presentes en el centro de trabajo y solicitar a los trabajadores que valoren diferentes atributos relacionados con cada una de ellas.
El procedimiento contempla nueve dimensiones específicas y una valoración global de la magnitud del riesgo.
Las nueve dimensiones corresponden al conocimiento del trabajador, conocimiento atribuido a los responsables, temor, vulnerabilidad, gravedad, posibilidad de evitar el riesgo, capacidad de controlar el daño, potencial catastrófico y demora de las consecuencias.
Cada una puede valorarse mediante una escala graduada de 1 a 7.
Posteriormente se realiza una valoración global de la magnitud del riesgo mediante una escala comprendida entre 0 y 100, donde los valores inferiores representan un riesgo percibido muy bajo o nulo y los superiores un riesgo muy alto o extremo.
El objetivo no es obtener una puntuación destinada a clasificar a los trabajadores, sino construir un perfil de cómo se percibe cada fuente de riesgo.
¿Qué riesgos deberían analizarse?
No es necesario evaluar la percepción de todos los riesgos existentes en una organización.
Una selección útil puede incluir, en primer lugar, algunos de los riesgos que hayan obtenido mayor relevancia en la evaluación técnica.
También resulta conveniente analizar aquellas situaciones en las que existan indicios de una diferencia significativa entre el criterio técnico y la valoración realizada por los trabajadores.
Puede incorporarse igualmente algún riesgo de menor importancia como elemento de comparación.
Otro criterio consiste en seleccionar riesgos pertenecientes a distintos ámbitos preventivos.
Por ejemplo:
- Condiciones de seguridad: máquinas, herramientas, electricidad, espacios de trabajo o equipos de manipulación y transporte.
- Agentes físicos: ruido, vibraciones, iluminación, condiciones térmicas o radiaciones.
- Contaminantes químicos y biológicos.
- Carga física: esfuerzo físico, posturas, movimientos repetitivos o manipulación de cargas.
- Carga mental y organización del trabajo: complejidad de las tareas, ritmo de trabajo, jornada, automatización, comunicación, relaciones laborales, estilo de mando o estabilidad en el empleo.
Un aspecto fundamental es que la fuente de riesgo debe describirse utilizando expresiones comprensibles para los trabajadores y directamente relacionadas con su trabajo real.
Es preferible utilizar el nombre concreto de una máquina, actividad, sustancia o situación conocida por las personas expuestas que recurrir a categorías excesivamente generales.
Además, debe diferenciarse claramente entre la fuente del riesgo y sus posibles consecuencias. Por ejemplo, el ruido constituye una fuente de riesgo, mientras que una lesión auditiva representa una posible consecuencia.
Cómo aplicar la evaluación
La recogida de información puede realizarse de manera individual o colectiva, mediante entrevista o mediante cuestionarios autoadministrados.
Cuando se utiliza un cuestionario, resulta recomendable explicar previamente su finalidad, resolver las dudas iniciales y garantizar que los trabajadores comprendan las escalas utilizadas.
También es importante transmitir que no existen respuestas correctas o incorrectas. Lo que interesa conocer es la valoración habitual de la persona respecto a cada fuente de riesgo.
La confidencialidad y el anonimato de las respuestas pueden resultar especialmente relevantes para favorecer una participación sincera.
Además, cuando sea adecuado, pueden recopilarse algunas variables de clasificación —como puesto de trabajo, antigüedad o características del colectivo— con el objetivo de analizar posibles diferencias entre grupos.
Del dato a la intervención preventiva
Una vez recogida la información pueden construirse perfiles para cada riesgo analizado.
Por ejemplo, podría observarse que un determinado colectivo considera un riesgo muy grave y difícilmente controlable, mientras otro grupo que realiza una actividad similar lo percibe como familiar y fácilmente manejable.
Estas diferencias ofrecen información valiosa para diseñar intervenciones.
Si los trabajadores tienen un bajo conocimiento sobre una determinada exposición, puede ser necesario reforzar la información.
Si consideran que los responsables desconocen el problema, puede existir una cuestión de confianza que deba abordarse.
Si aparece una elevada percepción de control acompañada de una baja sensación de vulnerabilidad, puede ser necesario trabajar sobre el exceso de confianza.
Y si un riesgo técnicamente prioritario es considerado poco importante por los trabajadores, la formación preventiva debería explicar con claridad por qué se ha establecido esa prioridad.
El análisis puede utilizarse también para comparar diferentes colectivos, puestos o áreas y detectar patrones de percepción distintos dentro de una misma organización.
Incorporar la percepción del trabajador a la gestión preventiva
La percepción del riesgo no sustituye a la evaluación técnica, ni debería utilizarse de manera aislada para establecer las prioridades preventivas.
Su utilidad reside precisamente en complementar esa evaluación.
Conocer cómo interpreta el trabajador los peligros existentes permite detectar percepciones sesgadas, identificar posibles dificultades de comunicación y comprender mejor la aceptación o rechazo de determinadas medidas.
También puede ayudar a orientar acciones de capacitación y mejorar la participación de los trabajadores en la gestión de la seguridad y salud.
Una medida preventiva puede ser técnicamente correcta y, sin embargo, tener una eficacia limitada si las personas que deben aplicarla no comprenden el riesgo que pretende controlar.
Por este motivo, integrar de manera sistemática la percepción de quienes realizan diariamente el trabajo puede contribuir a enriquecer la evaluación, mejorar la comunicación y aumentar la eficacia de las decisiones preventivas.
La prevención no consiste únicamente en determinar qué riesgos existen. También requiere comprender cómo son interpretados por las personas que conviven con ellos cada día.