
Las condiciones en las que desarrollan su actividad los médicos residentes han vuelto a situarse en el debate público en México. Jornadas prolongadas, guardias extensas, falta de descanso suficiente, fatiga, afectaciones a la salud mental y situaciones de violencia o acoso laboral forman parte de las cuestiones que diferentes iniciativas legislativas pretenden abordar para mejorar la protección de este colectivo.
La actualidad ha cobrado especial relevancia este 7 de septiembre, después de que médicos residentes del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga” se manifestaran para reclamar mejores condiciones laborales. La protesta se produce tras el brote de gastroenteritis infecciosa que afectó a 135 médicos residentes y de alta especialidad, un episodio que ha llevado además a las autoridades sanitarias a revisar las condiciones higiénico-sanitarias de los servicios de alimentación en hospitales públicos. (La Jornada)
Sin embargo, el debate va mucho más allá de este incidente concreto. Un estudio de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos señala que en el Congreso existen al menos 15 iniciativas pendientes relacionadas con las condiciones de trabajo de los médicos residentes. Entre las propuestas se encuentran establecer jornadas laborales de ocho horas, descansos obligatorios, reforzar la protección de la salud física y mental, desarrollar acciones de capacitación y establecer protocolos para atender situaciones de violencia, acoso laboral y hostigamiento.
Desde la perspectiva de la seguridad y salud en el trabajo, uno de los elementos que merece mayor atención es la fatiga derivada de jornadas y guardias prolongadas.
Las propias iniciativas presentadas en la Cámara de Diputados describen situaciones en las que las guardias pueden superar las 24 horas continuas de actividad y plantean la necesidad de establecer límites máximos de trabajo continuado y periodos mínimos de descanso posteriores. Estas propuestas vinculan expresamente las jornadas prolongadas con el desgaste físico, la fatiga crónica y las afectaciones sobre la salud mental.
La cuestión tiene además una doble dimensión preventiva. Por un lado, se encuentra la protección de la salud de los propios médicos residentes. Por otro, aparece la seguridad de los pacientes, dado que el agotamiento, la presión asistencial y la falta de recuperación suficiente pueden afectar al desempeño profesional. Algunas de las propuestas legislativas justifican precisamente la regulación del descanso señalando que las condiciones de fatiga pueden incrementar el riesgo de errores y afectar a la calidad de la atención sanitaria.
El descanso como medida preventiva
El descanso no debería contemplarse únicamente como una cuestión organizativa. En actividades caracterizadas por elevadas exigencias cognitivas, responsabilidad sobre terceros, trabajo nocturno y necesidad de mantener altos niveles de atención, la recuperación física y mental forma parte de la gestión preventiva.
La organización de las guardias, los periodos de recuperación, la posibilidad real de realizar pausas, la previsibilidad de los horarios y la disponibilidad de espacios adecuados para descansar son elementos que pueden influir directamente en la fatiga acumulada.
En este contexto, también resulta relevante que una iniciativa presentada durante 2026 recogiera datos de la Encuesta Nacional de Médicos en Formación 2024, según los cuales el 44.5 % de los residentes consultados indicó que no disponía de áreas de descanso dignas. La propuesta utiliza este dato para reforzar la consideración del descanso como un elemento necesario para preservar la salud física y mental.
Salud mental y riesgos psicosociales
Las condiciones de trabajo de los médicos residentes también plantean cuestiones relacionadas con los factores de riesgo psicosocial.
Las elevadas demandas emocionales, la presión asistencial, la responsabilidad clínica, los horarios prolongados, la falta de recuperación y determinados estilos de organización pueden generar condiciones favorables para la aparición de agotamiento físico y psicológico.
A estos factores se añaden las situaciones de violencia, hostigamiento y acoso que algunas de las iniciativas pendientes pretenden abordar mediante protocolos específicos de denuncia y actuación.
El enfoque preventivo requiere, por tanto, superar una visión centrada exclusivamente en la resistencia individual del profesional. La fatiga no debería abordarse únicamente pidiendo al trabajador que gestione mejor su cansancio, sino actuando sobre la organización del trabajo, las jornadas, las cargas, los descansos y los mecanismos de apoyo disponibles.
Un debate todavía abierto
Es importante señalar que las medidas actualmente planteadas son propuestas legislativas y no deben interpretarse como nuevas obligaciones ya aprobadas para todas las instituciones sanitarias.
El debate continúa abierto y la CNDH ha reclamado al Poder Legislativo que analice las iniciativas pendientes y promueva el diálogo con médicos residentes, universidades y escuelas de medicina.
Para los profesionales de seguridad y salud en el trabajo, la situación de los médicos residentes constituye un ejemplo especialmente claro de cómo la organización del tiempo de trabajo puede convertirse en un factor preventivo de primer orden.
Jornadas, guardias, descansos, carga mental, recuperación y salud psicológica no son cuestiones independientes. Forman parte de un mismo sistema de trabajo y, cuando las exigencias superan de manera continuada la capacidad de recuperación de las personas, el problema deja de ser únicamente organizativo para convertirse también en una cuestión de seguridad y salud laboral.
La protección de quienes trabajan y se forman dentro de los hospitales exige considerar la fatiga y la salud mental como riesgos que deben gestionarse, y no como consecuencias inevitables de la profesión.