
Evaluación del riesgo de incendio. Método de Gustav Purt
La evaluación del riesgo de incendio constituye una herramienta fundamental para determinar si las medidas de prevención y protección existentes en un centro de trabajo son suficientes o si resulta necesario reforzarlas mediante sistemas de detección, extinción automática, compartimentación u otras soluciones técnicas.
Entre los procedimientos desarrollados históricamente para realizar este análisis se encuentra el método de Gustav Purt, concebido para evaluar riesgos de incendio de carácter medio y orientar la selección de medidas de protección. No está pensado para instalaciones de especial complejidad, como determinadas industrias petroquímicas, sino para edificios y actividades donde resulte posible analizar de forma diferenciada el comportamiento del inmueble y el peligro asociado a las personas y bienes que contiene.
Su planteamiento parte de una idea esencial: el riesgo de incendio no puede reducirse a un único valor, porque las consecuencias sobre el edificio y sobre su contenido pueden ser diferentes.
Dos componentes del riesgo
El método diferencia entre:
Riesgo del edificio (GR). Valora fundamentalmente la posibilidad de que el incendio provoque daños importantes en la construcción.
Riesgo del contenido (IR). Considera especialmente las consecuencias que el incendio puede producir sobre las personas y los bienes situados en el interior.
Esta diferenciación resulta especialmente útil porque las medidas preventivas necesarias pueden variar considerablemente.
Un edificio con un elevado riesgo estructural puede requerir actuaciones relacionadas con la resistencia al fuego, la compartimentación o los sistemas automáticos de extinción. En cambio, cuando el principal problema es la protección de las personas, pueden adquirir mayor importancia la detección temprana, la alarma, las vías de evacuación y la rapidez de respuesta.
¿Cómo se calcula el riesgo del edificio?
El riesgo del edificio se obtiene considerando diferentes factores que pueden aumentar o reducir las consecuencias potenciales de un incendio.
Entre los principales elementos evaluados se encuentran:
- Carga calorífica del contenido.
- Combustibilidad de los materiales.
- Carga calorífica asociada al propio inmueble.
- Superficie y situación del sector de incendio.
- Tiempo necesario para iniciar la extinción.
- Resistencia al fuego de la estructura.
- Condiciones que pueden favorecer o dificultar el inicio y desarrollo del incendio.
La carga térmica tiene una importancia especialmente relevante. Cuanto mayor sea la cantidad de materiales combustibles disponibles, mayor puede ser la energía liberada durante un incendio y, por tanto, su capacidad destructiva.
También resulta determinante la configuración del espacio. La extensión del sector afectado, su ubicación en plantas superiores o sótanos y las dificultades de acceso de los equipos de emergencia pueden incrementar el riesgo.
El tiempo de respuesta también forma parte de la prevención
Uno de los aspectos más interesantes del método es que incorpora el tiempo necesario para iniciar la extinción.
Ante un incendio existen, de forma simplificada, dos periodos críticos: el tiempo transcurrido hasta que el fuego es detectado y se transmite la alarma, y el tiempo necesario para que comiencen a actuar los medios de extinción.
Reducir estos tiempos puede modificar de manera importante las consecuencias del incendio.
Por este motivo, la protección no debería concentrarse exclusivamente en disponer de extintores. La detección temprana, los sistemas de alarma, la capacidad de respuesta interna y la rapidez de intervención forman parte de una estrategia integral contra incendios.
Personas, bienes y humo
Para valorar el riesgo del contenido se analizan tres factores principales:
Peligro para las personas. Se considera la presencia habitual de trabajadores u otras personas, el número de ocupantes, el tiempo que permanecen en el edificio, su conocimiento de las salidas y, especialmente, su capacidad para evacuar por sus propios medios.
Este aspecto adquiere particular importancia en hospitales, residencias y otros centros donde pueden encontrarse personas con dificultades para abandonar las instalaciones sin ayuda.
Peligro para los bienes. Se analiza tanto el valor de los elementos existentes como su posibilidad de sustitución. Equipos esenciales para la continuidad de la actividad, documentación, archivos, bienes culturales o instalaciones de elevado valor pueden requerir una protección específica.
Influencia del humo. El humo puede convertirse en uno de los principales factores de peligro. Puede resultar tóxico, reducir drásticamente la visibilidad, dificultar la evacuación, afectar bienes que ni siquiera han estado en contacto directo con las llamas y complicar las operaciones de los equipos de intervención.
De la evaluación a las medidas de protección
Una vez calculadas las componentes correspondientes al edificio y al contenido, ambos resultados pueden representarse conjuntamente para determinar el nivel de protección recomendable.
El análisis puede conducir a diferentes escenarios: desde situaciones donde las medidas existentes pueden considerarse suficientes hasta otras en las que resulta necesario incorporar detección automática, sistemas automáticos de extinción o una combinación de ambos.
Sin embargo, el resultado numérico no debería interpretarse como una decisión automática.
El método proporciona una orientación técnica que debe completarse con el conocimiento real de las instalaciones, los procesos productivos, los materiales presentes, las posibilidades de propagación, las características de los ocupantes y las condiciones de respuesta ante una emergencia.
En centros de trabajo de grandes dimensiones también puede resultar necesario evaluar independientemente diferentes sectores, ya que dos áreas de una misma instalación pueden presentar cargas de fuego, ocupaciones y condiciones de intervención muy diferentes.
Aplicación preventiva en los centros de trabajo
En el contexto mexicano, el análisis sistemático del riesgo de incendio puede complementar la gestión preventiva y ayudar a justificar técnicamente determinadas decisiones sobre protección contra incendios.
Más allá del método utilizado, una evaluación rigurosa debería responder, entre otras, a preguntas esenciales:
¿qué materiales pueden arder?, ¿qué cantidad existe?, ¿con qué rapidez podría propagarse el incendio?, ¿cuántas personas podrían resultar afectadas?, ¿pueden evacuar de forma autónoma?, ¿cuánto tiempo tardaría en detectarse el fuego?, ¿qué medios de extinción existen?, ¿cuánto tiempo puede mantenerse estable la estructura? y ¿qué consecuencias tendría el humo?
La utilidad de cualquier metodología de evaluación reside precisamente en transformar estas preguntas en criterios objetivos para adoptar decisiones preventivas.
Prevenir incendios no consiste únicamente en disponer de equipos para combatirlos. El objetivo prioritario es reducir la probabilidad de que se produzcan y, si finalmente se originan, limitar su propagación, detectar el incendio cuanto antes y conseguir que las personas y los medios de intervención puedan actuar en condiciones de seguridad.