
Las temperaturas extremas previstas en Baja California y Sonora vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar la prevención del estrés térmico en sectores como agricultura, construcción, transporte, mantenimiento, industria y trabajo al aire libre.
El Servicio Meteorológico Nacional prevé temperaturas superiores a 45 °C en zonas del norte de México. Más allá del impacto ambiental o sanitario general, este escenario tiene una lectura directa para la seguridad y salud en el trabajo: el calor extremo puede convertirse en un riesgo laboral crítico si no se gestiona con medidas preventivas, planificación de tareas, hidratación, pausas, vigilancia y capacitación.
México vuelve a enfrentarse a un escenario de calor extremo en plena temporada de altas temperaturas. De acuerdo con el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional, para el 23 de junio de 2026 se esperan temperaturas máximas superiores a 45 °C en el noreste de Baja California y Sonora, además de registros elevados en otras zonas del país.
Aunque este tipo de información suele abordarse desde una perspectiva meteorológica o de salud pública, su impacto laboral es evidente. Cuando las personas trabajadoras desarrollan sus actividades en exteriores, espacios mal ventilados, áreas industriales con fuentes adicionales de calor o tareas físicamente demandantes, la temperatura ambiental deja de ser un simple dato climático y pasa a convertirse en un factor de riesgo ocupacional.
El estrés térmico puede afectar de forma significativa al desempeño, la concentración, la capacidad física y la seguridad durante la jornada. En situaciones graves puede favorecer la deshidratación, el agotamiento por calor, el golpe de calor y otros daños a la salud. También puede incrementar la probabilidad de errores, caídas, accidentes de tránsito laboral, incidentes durante la operación de maquinaria o fallos en tareas críticas que requieren atención sostenida.
Los sectores más expuestos son aquellos en los que el trabajo se realiza al aire libre o en condiciones térmicas exigentes: agricultura, construcción, obras públicas, mantenimiento urbano, recolección de residuos, logística, transporte, reparto, seguridad privada, vigilancia, minería, industria manufacturera, cocinas industriales, almacenes y centros de distribución. En muchos de estos entornos, el riesgo no depende únicamente de la temperatura exterior, sino de la combinación entre calor, humedad, radiación solar, esfuerzo físico, ropa de trabajo, equipos de protección personal, duración de la exposición y disponibilidad real de agua, sombra y pausas.
En México existe una referencia normativa específica: la NOM-015-STPS-2001, relativa a las condiciones térmicas elevadas o abatidas en los centros de trabajo. Su objetivo es establecer condiciones de seguridad e higiene, así como niveles y tiempos máximos permisibles de exposición a condiciones térmicas extremas capaces de alterar la salud de las personas trabajadoras. Esta norma debe servir como punto de partida para que las empresas identifiquen, evalúen y controlen la exposición al calor cuando exista riesgo para la salud.
La actualidad del tema es mayor porque la Secretaría del Trabajo y Previsión Social ha anunciado recientemente el inicio de un proceso para avanzar hacia una Norma Oficial Mexicana en materia de seguridad y salud en el trabajo frente a los riesgos derivados del cambio climático. Según la información difundida por la STPS, el proceso normativo tomará como referencia técnica la ISO/PAS 45007:2026, orientada a ayudar a las organizaciones a abordar de forma proactiva los desafíos derivados del cambio climático y de las acciones climáticas en los entornos de trabajo.
Este contexto muestra que el calor extremo ya no puede considerarse un fenómeno excepcional o ajeno a la gestión preventiva. Para muchas organizaciones, especialmente en zonas del norte del país, debe integrarse en la planificación habitual de la seguridad y salud laboral. Esto implica revisar horarios, cargas de trabajo, periodos de descanso, hidratación, disponibilidad de sombra, ventilación, capacitación, protocolos de emergencia y criterios de suspensión o reorganización de tareas cuando las condiciones sean incompatibles con un trabajo seguro.
También resulta clave evitar una respuesta meramente reactiva. No basta con actuar cuando ya aparecen síntomas. La prevención del estrés térmico requiere anticipación: consultar pronósticos meteorológicos, identificar puestos vulnerables, evaluar tareas de mayor esfuerzo físico, considerar la aclimatación de personas trabajadoras nuevas o reincorporadas, formar a mandos intermedios y establecer canales de comunicación para reportar síntomas o situaciones de riesgo sin temor a represalias.
La exposición al calor extremo también debe analizarse desde una perspectiva organizativa. Las pausas, la rotación de tareas o la modificación temporal de horarios no deben entenderse como pérdida de productividad, sino como medidas de control para preservar la salud, evitar accidentes y garantizar la continuidad operativa. En actividades críticas, el coste de no intervenir puede ser mucho mayor que el de planificar adecuadamente la jornada.
Para las empresas mexicanas, el mensaje es claro: el calor extremo debe incorporarse a la gestión preventiva con el mismo rigor que otros riesgos laborales. La información meteorológica, la normativa aplicable y la evolución de la agenda regulatoria sobre cambio climático y trabajo apuntan en la misma dirección: proteger la salud de las personas trabajadoras frente a condiciones térmicas extremas será cada vez más importante para el cumplimiento, la productividad y la sostenibilidad de las organizaciones.
La exposición a calor extremo debe evaluarse considerando no solo la temperatura ambiental, sino también la humedad, la radiación solar, la carga metabólica del trabajo, la ropa o equipo utilizado, la ventilación, el tiempo de exposición y las características individuales de la persona trabajadora. En términos preventivos, el riesgo aumenta cuando se combinan tareas físicas intensas, jornadas prolongadas, poca disponibilidad de agua, ausencia de sombra o ventilación y falta de aclimatación.
La NOM-015-STPS-2001 constituye la referencia normativa mexicana para condiciones térmicas extremas en los centros de trabajo. Además, el proceso anunciado por la STPS para desarrollar una futura NOM sobre seguridad y salud en el trabajo frente al cambio climático refuerza la necesidad de que las organizaciones pasen de una visión puntual del calor a una gestión preventiva estructurada.
Implicaciones para empresas y profesionales
Las empresas deberían revisar si sus evaluaciones de riesgo contemplan adecuadamente la exposición a calor extremo, especialmente en puestos al aire libre, actividades físicas intensas o instalaciones con fuentes internas de calor. También conviene verificar si existen procedimientos claros para hidratación, pausas, aclimatación, reorganización de turnos, atención de emergencias y comunicación de síntomas.
Para los profesionales de seguridad y salud en el trabajo, este escenario abre una línea prioritaria de actuación: convertir el pronóstico meteorológico en información preventiva útil. Esto significa anticipar jornadas críticas, informar a supervisores, adaptar tareas, documentar medidas y capacitar a las personas trabajadoras para reconocer señales de alerta.
Las temperaturas superiores a 45 °C previstas en zonas del norte de México son una advertencia clara: el calor extremo ya forma parte de los riesgos laborales que deben gestionarse de manera sistemática. La prevención no puede depender de la improvisación. Debe integrarse en la planificación diaria del trabajo, especialmente en los sectores más expuestos.