
El ejercicio se realizará el 19 de septiembre a las 12:00 horas y permitirá a los centros de trabajo comprobar la capacidad de respuesta de sus brigadas, rutas de evacuación y protocolos internos.
El Segundo Simulacro Nacional 2026 ofrece a empresas e instituciones una oportunidad para poner a prueba sus planes de atención a emergencias. Más allá de cumplir un ejercicio programado, el objetivo debería ser identificar fallas, comprobar si los procedimientos funcionan y establecer acciones de mejora adaptadas a los riesgos de cada centro de trabajo.
El próximo sábado 19 de septiembre de 2026, a las 12:00 horas —tiempo del centro de México—, se llevará a cabo el Segundo Simulacro Nacional 2026. La convocatoria está dirigida a instituciones públicas y privadas, centros de trabajo, escuelas, espacios comunitarios y hogares de todo el país.
La Coordinación Nacional de Protección Civil ha señalado que el ejercicio busca fortalecer la cultura preventiva y mejorar la capacidad de respuesta de las unidades internas y las brigadas ante una emergencia o desastre. Los inmuebles participantes pueden registrarse en la plataforma oficial habilitada por el Gobierno de México.
La celebración del simulacro en sábado constituye una circunstancia que las empresas deben considerar. Algunos centros de trabajo se encontrarán en operación normal; otros tendrán una plantilla reducida, guardias o actividades diferentes a las habituales. Esta situación puede utilizarse para evaluar si el plan de emergencia funciona también cuando no están presentes todos los responsables o cuando cambia la distribución del personal.
El ejercicio no tiene que limitarse a una hipótesis de sismo. La convocatoria permite seleccionar un escenario acorde con los riesgos identificados en cada inmueble y con su ubicación geográfica. Un centro de trabajo podría plantear, por ejemplo, un incendio, una fuga, una inundación, un evento meteorológico o cualquier otra emergencia razonablemente relacionada con su actividad y entorno.
Para que el simulacro aporte información útil, la empresa debería definir previamente qué desea comprobar. Entre los aspectos evaluables se encuentran el tiempo de respuesta, la activación de las alarmas, el funcionamiento de las rutas de evacuación, la coordinación de las brigadas, la comunicación con el personal, el recuento en los puntos de reunión y la atención de personas que puedan requerir ayuda adicional.
También es importante observar el comportamiento real de las personas participantes. El desconocimiento de las señales, la obstrucción de una salida, la dificultad para encontrar un extintor o la falta de claridad sobre quién debe tomar una decisión pueden revelar debilidades que no aparecen al revisar el plan sobre el papel.
La participación debe desarrollarse sin crear riesgos adicionales. No se deberían improvisar maniobras peligrosas, correr, utilizar elevadores cuando el protocolo no lo permita ni representar lesiones de forma que pueda causar confusión. Las personas trabajadoras deben conocer de antemano que se trata de un ejercicio y recibir instrucciones claras sobre su participación.
El simulacro tampoco termina cuando las personas llegan al punto de reunión. La evaluación posterior es una de sus fases más importantes. Conviene registrar incidencias, analizar los tiempos obtenidos, escuchar las observaciones del personal y asignar responsables y fechas para corregir las deficiencias detectadas.
La utilidad del ejercicio dependerá menos de lograr una evacuación rápida que de obtener información fiable. Un resultado aparentemente satisfactorio no debería ocultar problemas de accesibilidad, comunicación, coordinación o mantenimiento. El objetivo no es superar una prueba, sino mejorar la preparación del centro de trabajo antes de que ocurra una emergencia real.
Un plan de atención a emergencias debe partir de la identificación de los peligros del inmueble, la actividad desarrollada y el entorno. El escenario elegido tiene que ser coherente con esos riesgos y permitir la evaluación de medidas concretas.
En los centros de trabajo resulta conveniente revisar:
- Sistemas de alarma y comunicación.
- Rutas de evacuación y salidas de emergencia.
- Señalización y alumbrado de emergencia.
- Puntos de reunión.
- Integración y capacitación de las brigadas.
- Procedimientos de evacuación, repliegue o suspensión de actividades.
- Disponibilidad de directorios y medios de contacto.
- Atención de visitantes, proveedores y personal externo.
- Apoyo a personas con discapacidad o movilidad limitada.
- Procedimientos de recuento y autorización del retorno.
Los requisitos aplicables pueden variar según la actividad, el inmueble, los riesgos presentes y la normativa estatal o municipal. El simulacro no sustituye las verificaciones técnicas, el mantenimiento de instalaciones ni la capacitación requerida.
Implicaciones para empresas y profesionales
Antes del ejercicio, los responsables de seguridad y salud deberían confirmar la disponibilidad de las personas integrantes de las brigadas y prever sustituciones cuando alguna no se encuentre presente. También deben verificar que las rutas estén despejadas y que la información sea comprensible para toda la plantilla.
Durante el simulacro conviene asignar observadores que no interfieran con la actuación. Su función será documentar tiempos, decisiones, dificultades y comportamientos relevantes.
Después del ejercicio se recomienda elaborar un informe que incluya:
- Objetivo e hipótesis aplicada.
- Personas y áreas participantes.
- Tiempos registrados.
- Incidencias detectadas.
- Dificultades de evacuación o comunicación.
- Medidas correctivas.
- Responsables de su ejecución.
- Plazos de seguimiento.
- Fecha prevista para comprobar las mejoras.
La empresa debería evitar utilizar el ejercicio para responsabilizar individualmente a las personas por errores derivados de procedimientos confusos, capacitación insuficiente o deficiencias organizativas. El aprendizaje preventivo exige analizar las causas y corregir el sistema.
El Segundo Simulacro Nacional 2026 puede convertirse en una evaluación real de la preparación de empresas e instituciones. La clave será observar con sentido crítico, documentar los problemas y transformar cada hallazgo en una acción concreta.
Un simulacro útil no es aquel en el que todo parece funcionar, sino el que permite descubrir y corregir las debilidades antes de una emergencia.