La inteligencia artificial podría convertirse en una herramienta para combatir determinados tipos de fatiga mental asociados a la supervisión de procesos automatizados. Una investigación publicada en la revista científica International Journal of Industrial Ergonomics ha descubierto que mantener conversaciones con un asistente de inteligencia artificial puede ayudar a reducir los indicadores de fatiga y preservar la capacidad de respuesta ante situaciones que requieren una intervención humana.
La incorporación de inteligencia artificial y sistemas automatizados está transformando numerosos entornos profesionales. Sin embargo, la automatización también introduce nuevos desafíos para la seguridad y salud laboral, especialmente cuando las personas deben supervisar procesos durante largos periodos de tiempo sin intervenir directamente.
Aunque pueda parecer contradictorio, realizar una actividad con escasas exigencias físicas o mentales no siempre significa experimentar menos fatiga.
La monotonía, la reducción de estímulos y la necesidad de mantener la atención durante periodos prolongados pueden provocar lo que se conoce como fatiga pasiva, un fenómeno que afecta al estado de alerta y puede comprometer la capacidad de respuesta ante situaciones imprevistas.
Una investigación desarrollada por Binhao Huang, Jian Lv y Ligang Qiang, titulada Human-AI interaction as a fatigue countermeasure in automated driving: Evidence from EEG, subjective experience, and takeover performance, ha analizado si diferentes actividades, incluida la conversación con inteligencia artificial, pueden contribuir a reducir este problema.
La paradoja de la automatización: menos trabajo no siempre significa menos fatiga
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación es su aproximación a la denominada fatiga pasiva.
Tradicionalmente, la fatiga laboral se ha relacionado con actividades que requieren un esfuerzo físico o mental elevado. Sin embargo, también puede aparecer cuando una persona permanece durante largos periodos supervisando sistemas que funcionan de manera autónoma.
Esta situación plantea un desafío importante: aunque la tecnología asuma buena parte de las tareas, el trabajador debe mantener su capacidad para detectar anomalías y actuar cuando sea necesario.
Los investigadores explican que la supervisión prolongada de sistemas automatizados puede favorecer la monotonía, reducir la implicación activa de las personas y provocar una disminución progresiva del estado de alerta.
Este fenómeno resulta especialmente relevante en actividades que requieren vigilancia sostenida y capacidad de intervención ante acontecimientos poco frecuentes.
Un experimento con 144 participantes
Para estudiar este fenómeno, los investigadores desarrollaron un trabajo experimental dividido en dos fases.
En una primera fase participaron 30 personas, con el objetivo de analizar cómo evolucionaba la fatiga durante la conducción manual y automatizada.
Los resultados preliminares permitieron identificar cambios en los indicadores subjetivos y electroencefalográficos relacionados con la fatiga durante la conducción automatizada.
Posteriormente, el equipo desarrolló un experimento principal con 144 participantes, distribuidos entre cuatro condiciones experimentales.
Durante 60 minutos, los participantes utilizaron un simulador de conducción automatizada en el que debían responder a diferentes situaciones que requerían recuperar el control del vehículo.
Los investigadores compararon cuatro tipos de actividad:
- Conversación con inteligencia artificial: interacción mediante un asistente conversacional.
- Visualización de vídeos: realización de una actividad audiovisual.
- Videojuegos: participación en una actividad interactiva de entretenimiento.
- Supervisión pasiva: seguimiento del sistema automatizado sin realizar una actividad secundaria.
El objetivo consistía en comprobar cómo influía cada actividad en la fatiga experimentada, los indicadores neurofisiológicos y la capacidad para reaccionar cuando el sistema solicitaba la intervención humana.
Conversar con una inteligencia artificial produjo los resultados más favorables
Los resultados mostraron diferencias relevantes entre las cuatro condiciones analizadas.
Aunque todos los grupos experimentaron cierto grado de fatiga al finalizar la actividad, los participantes que mantuvieron conversaciones con inteligencia artificial presentaron los indicadores de fatiga más favorables.
Además, este grupo consiguió mantener tiempos de respuesta rápidos y estables cuando el sistema automatizado solicitaba recuperar el control del vehículo.
Por el contrario, los participantes que utilizaron videojuegos experimentaron una mayor acumulación de fatiga y un deterioro de su capacidad de respuesta.
Los grupos que visualizaron vídeos o realizaron supervisión pasiva presentaron resultados intermedios.
Los investigadores consideran que las interacciones conversacionales de baja exigencia cognitiva pueden contribuir a mantener la implicación mental sin generar la sobrecarga asociada a otras actividades.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando aparece la fatiga?
Uno de los elementos más interesantes del estudio es que la evaluación de la fatiga no se limitó a preguntar a los participantes cómo se encontraban.
Los investigadores utilizaron diferentes procedimientos para analizar su estado:
- Electroencefalografía (EEG): para analizar patrones de actividad cerebral relacionados con la fatiga.
- Cuestionarios de fatiga: para recoger la percepción subjetiva de los participantes.
- Tiempos de respuesta: para comprobar la rapidez con la que recuperaban el control del vehículo.
El análisis electroencefalográfico se centró especialmente en las bandas de frecuencia theta y alfa, utilizadas en investigaciones sobre fatiga y vigilancia.
Los participantes que realizaron actividades de videojuegos mostraron un incremento más pronunciado de determinados indicadores asociados a la fatiga.
En cambio, la interacción mediante inteligencia artificial se relacionó con patrones electroencefalográficos más estables y una menor acumulación de indicadores de fatiga.
Esta combinación de medidas subjetivas, fisiológicas y de rendimiento proporciona una perspectiva más completa sobre cómo diferentes actividades pueden modificar el estado de alerta.
¿Por qué hablar con una inteligencia artificial podría ayudar?
La explicación propuesta por los investigadores está relacionada con la combinación de estimulación mental e interacción social que ofrecen los asistentes conversacionales.
Cuando una persona mantiene una conversación, debe escuchar, interpretar información y elaborar respuestas.
Estas actividades pueden ayudar a mantener cierto nivel de activación cognitiva y reducir la monotonía.
Sin embargo, no todas las actividades generan los mismos efectos.
Los videojuegos, por ejemplo, pueden exigir mayores recursos de atención y procesamiento de información, lo que podría dificultar la transición hacia una tarea que requiere una respuesta inmediata.
La conversación con inteligencia artificial, cuando presenta una carga cognitiva reducida, podría ofrecer un equilibrio más favorable entre estimulación mental y disponibilidad para intervenir.
La cuestión no consiste en mantener al trabajador permanentemente ocupado, sino en encontrar formas de interacción que ayuden a conservar el estado de alerta sin interferir con las exigencias de seguridad.
¿Qué aplicaciones podría tener en la prevención de riesgos laborales?
Aunque la investigación se ha desarrollado específicamente en un entorno de conducción automatizada, sus resultados abren nuevas líneas de estudio relacionadas con la ergonomía cognitiva y la supervisión de sistemas tecnológicos.
En numerosos sectores existen actividades caracterizadas por periodos prolongados de vigilancia, escasa intervención directa y necesidad de responder rápidamente ante determinados acontecimientos.
Entre los ámbitos en los que podría resultar interesante investigar este tipo de herramientas se encuentran:
- Centros de control y supervisión de procesos industriales.
- Salas de vigilancia de instalaciones y sistemas automatizados.
- Operaciones logísticas con elevados niveles de automatización.
- Supervisión de infraestructuras y redes de transporte.
- Actividades de monitorización que requieren atención sostenida.
En estos contextos, los asistentes conversacionales podrían estudiarse como herramientas complementarias para mantener la activación cognitiva durante periodos de baja estimulación.
No obstante, estas aplicaciones constituyen posibilidades de investigación y no soluciones preventivas cuya eficacia haya quedado demostrada en los sectores mencionados.
La inteligencia artificial no sustituye al descanso ni a la organización preventiva
La investigación también invita a reflexionar sobre los límites de las soluciones tecnológicas frente a la fatiga laboral.
El hecho de que una conversación con inteligencia artificial haya mostrado resultados favorables en un experimento no significa que pueda sustituir las pausas, el descanso adecuado o una correcta organización del trabajo.
La fatiga puede tener múltiples causas, entre ellas la insuficiencia de sueño, los horarios prolongados, el trabajo nocturno, la elevada carga de trabajo o la exposición continuada a situaciones de estrés.
Por tanto, cualquier aplicación de inteligencia artificial orientada a combatir la fatiga debería integrarse dentro de una estrategia preventiva más amplia.
Además, las herramientas conversacionales podrían introducir nuevas distracciones si no se diseñan teniendo en cuenta las características de las tareas y las exigencias de seguridad.
En actividades críticas, una interacción inoportuna podría interferir con la atención del trabajador en lugar de mejorarla.
Por ello, resulta fundamental evaluar previamente sus posibles efectos sobre la carga mental, la atención y la capacidad de respuesta.
Una nueva perspectiva sobre la relación entre trabajadores e inteligencia artificial
La investigación aporta una perspectiva diferente al debate sobre la incorporación de inteligencia artificial en los entornos profesionales.
Habitualmente, su utilización se analiza desde la automatización de tareas, la mejora de la productividad o el apoyo a la toma de decisiones.
Sin embargo, este estudio plantea otra posibilidad: utilizar la interacción humano-IA para influir favorablemente en determinados estados cognitivos asociados a la vigilancia y la fatiga.
Los resultados sugieren que el diseño de las interacciones entre personas y sistemas inteligentes puede desempeñar un papel importante en la ergonomía de los entornos automatizados.
No obstante, los propios límites del experimento obligan a interpretar los resultados con prudencia. La investigación se desarrolló mediante simulación, con exposiciones de 60 minutos y en un contexto específico de conducción automatizada.
Será necesario realizar nuevas investigaciones en condiciones reales y durante periodos más prolongados para determinar si estos efectos pueden mantenerse y trasladarse a otros entornos profesionales.
La principal aportación del estudio es demostrar que no todas las formas de interacción con la tecnología producen los mismos efectos sobre la fatiga y la capacidad de respuesta.
Para los profesionales de prevención, este hallazgo abre una interesante línea de trabajo: analizar cómo las tecnologías inteligentes pueden diseñarse no solo para automatizar procesos, sino también para adaptarse a las capacidades y limitaciones cognitivas de las personas.
Referencia científica
Huang, B., Lv, J. y Qiang, L. (2026).
Human-AI interaction as a fatigue countermeasure in automated driving: Evidence from EEG, subjective experience, and takeover performance.
International Journal of Industrial Ergonomics, 115, 104007.
DOI: 10.1016/j.ergon.2026.104007
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